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Federalisme necessari

El diari El País em publica avui l’article que trobareu transcrit a continuació. Sobre el mateix tema us recomano que llegiu l’article de Patxo Unzueta “¿Hay margen para un nuevo pacto?” publicat abans d’ahir també al diari El País.

Federalismo necesario

EL PAÍS, 1.08.14

El 6 de diciembre de 2004, para conmemorar el 26º aniversario de la Constitución española, publiqué en las páginas de este diario un artículo titulado ¿Es el federalismo cosa de ingenuos? Resulta muy ilustrativo releerlo hoy, teniendo en cuenta que dos años después se aprobaba el nuevo Estatuto de Autonomía; que seis años después, el Tribunal Constitucional aprobaba la sentencia que iba a alterar el Estatuto ya refrendado por los catalanes; y que 10 años después, muchos catalanes cuestionan radicalmente el actual marco de relaciones entre Cataluña y el resto de España. La tesis de fondo del artículo sigue vigente.

Cito literalmente: “¿Por qué el federalismo incomoda tanto a los nacionalistas catalanes como a los nacionalistas españoles? ¿Por qué unos nos ven como traidores y otros como botiflers? Parece evidente que nuestra traición consiste en estar convencidos de que ni Cataluña ni España son identidades nacionales homogéneas, y de que dos o más naciones pueden convivir fraternalmente en un mismo Estado. Para un nacionalista, a una nación corresponde un Estado y a un Estado corresponde una sola nación, y toda nación debe procurar obsesivamente su homogeneidad interna. Solo hay que ver cómo fruncen el ceño unos y otros cuando escuchan que España es una nación de naciones. O que Cataluña es una nación que comparte Estado con otras naciones y comunidades autónomas”.

Soy consciente de que el concepto nación de naciones es cuestionado por muchos tanto en Cataluña como en el resto de España. Vale la pena recordar que tampoco fue precisamente pacífica la incorporación del término nacionalidades a la Constitución de 1978. Por ello quiero recuperar dos citas de autoridad del socialista leonés Anselmo Carretero, citado siempre por Pasqual Maragall como inexcusable referencia federalista. Decía Carretero: “El concepto de nación de naciones no es un dislate como suelen creer la mayoría de los juristas. Lo realmente insensato es empeñarse en imponer a los pueblos de España una estructura constitucional contraria a su propia naturaleza”. A él también corresponde la frase: “Si España es una nación de naciones, la estructura del Estado a ella adecuado es naturalmente la federal, que permita y garantice el desarrollo de cada uno de sus pueblos dentro del conjunto, y el fortalecimiento de este con el de sus diversas partes”.

De mi artículo de 2004 recupero de forma literal otros dos párrafos: “Federalismo viene de pacto. Y es precisamente ese concepto de pacto el que incomoda a los nacionalistas. ¿Se pueden pactar temas tan sensibles como el de las banderas, los himnos, los símbolos, las lenguas o las selecciones deportivas? Nosotros estamos convencidos de que sí. Los nacionalistas no solo están convencidos de lo contrario, sino que se alimentan del conflicto y consideran traidores a quienes están dispuestos a explorar el difícil camino del acuerdo. Olvidando que, por difícil que sea el camino del acuerdo, la vía del conflicto solo conduce al desastre”.

“El federalismo es unión y libertad, una filosofía política de fraternidad que se propone evitar el enfrentamiento entre sentimientos nacionales de distinto signo, la estéril discusión sobre soberanías originarias y una confrontación identitaria excluyente, para poder alcanzar un acuerdo político-institucional que haga posible el respeto y la lealtad recíprocas. El federalismo es una guía de soluciones prácticas a los problemas planteados por estructuras políticas complejas, especialmente las integradas por diversas realidades nacionales, y un conjunto de mecanismos para poner en práctica el principio de subsidiariedad”.

Diez años después sigo defendiendo una solución de tipo federal por cuatro razones: 1. Por coherencia con los valores de libertad, igualdad, fraternidad y solidaridad. 2. Porque se ajusta bien al mundo de interdependencias crecientes y soberanías compartidas en el que vivimos. 3. Porque evita el choque de identidades y la fractura de la sociedad en función de los diversos sentimientos de autoidentificación nacional de las personas. 4. Porque se basa en el diálogo, la negociación y el pacto.

Los socialistas catalanes hemos formulado una propuesta de reforma constitucional federal que puede resumirse de forma casi telegráfica en ocho puntos:

1. La definición de España como Estado federal. 2. El reconocimiento de que España es una nación que integra naciones, nacionalidades y regiones. 3. La definición precisa de las competencias del Estado y de las pautas sobre su ejercicio y la atribución de todas las demás competencias a las autonomías. 4. El reconocimiento de una asimetría competencial que atienda a los hechos diferenciales y los derechos históricos ya reconocidos por la Constitución y los Estatutos vigentes. 5. La consideración de los temas lingüísticos y culturales como competencia explícita de las comunidades con lengua propia. 6. La constitucionalización de los principios de solidaridad y ordinalidad que han de informar la financiación de las autonomías. 7. La descentralización efectiva del Poder Judicial. 8. La transformación del actual Senado en un Consejo Federal integrado por los Gobiernos autónomos.

A partir de nuestra propuesta y de otras muchas aportaciones, entre las que cabe destacar de forma especial el documento Por una reforma federal del Estado autonómico, impulsado desde la Fundación Alfonso Perales, los socialistas de toda España hemos alcanzado un gran acuerdo en Granada plasmado en el documento Hacia una estructura federal del Estado. (Estos y otros muchos documentos se pueden encontrar en mi web http://www.reformafederal.info/).

Se trata de una propuesta abierta al debate, que deberemos contrastar con el resto de fuerzas políticas. No pretendemos imponer nada a nadie, pero no queremos soslayar un grave problema político, probablemente el mayor al que se haya enfrentado la democracia española.

Nadie puede negar el significativo malestar causado en Cataluña por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, la percepción de maltrato económico y fiscal, la erosión del autogobierno y sus competencias, la ausencia de mecanismos de participación en la formación de la voluntad estatal como un Senado federal, y el insuficiente reconocimiento de la realidad plurinacional, pluricultural y plurilingüe de España. Insisto, 10 años después, en la necesidad de un gran pacto que aborde estos problemas; un pacto que, lógicamente, deberá someterse al referéndum de la ciudadanía. Solo así podremos superar un grave desencuentro en el que todos tenemos mucho que perder y nada que ganar.

El Rei marca el pas

Avui El Periódico de Catalunya em publica l’article que trobareu transcrit a continuació.

El Rei marca el pas

Joan Carles I ha decidit abdicar en el Príncep d’Astúries i de Girona, que en quinze dies esdevindrà Felip VI. Crec que el Rei ha pres la decisió correcta. Ell ja no podia seguir desenvolupament en plenitud les seves funcions i el seu darrer servei ha estat precisament el de facilitar el relleu i, amb ell, la profunda renovació de la institució que encarna. Amb aquesta decisió, el Rei assenyala el camí que han d’emprendre el conjunt d’institucions espanyoles, totes elles afectades en graus diversos d’una crisi que requereix de reformes en profunditat. Ho va dir fa mesos Pere Navarro entre l’impostat escàndol d’alguns i la indiferència de no poques persones. Però assenyalava un fet evident: cal renovar el pacte constitucional de 1978.

El Rei Joan Carles va ser proclamat cap de l’Estat el 22 de novembre de 1975, però, pels demòcrates, la veritable proclamació va ser, precisament, l’aprovació en referèndum de la Constitució de 1978, fruit d’un important consens que va obtenir una ratificació amplíssimament majoritària de la ciutadania. Salvant totes les distàncies, crec que Felip VI es trobarà en una situació similar. Només una reforma profunda del conjunt del nostre sistema institucional podrà garantir l’estabilitat de la qual hem gaudit tots plegats durant el regnat del seu pare.

Sóc republicà i crec que l’elecció directa del cap de l’Estat per part de la ciutadania és la forma més racional de culminar l’edifici de l’Estat democràtic. Però també sóc fill del meu temps, i he vist com la monarquia pot constituir un factor d’estabilitat i d’integració que en absolut altera el contingut democràtic del sistema. Joan Carles I va ser un agent actiu en la recuperació de la democràcia en el nostre país, el seu màxim defensor en la negra nit del 23-F, i va demostrar també, de vegades amb més intel·ligència que molts responsables polítics, el reconeixement de l’Espanya plural.

Crec, com deia ahir Javier Cercas, que avui el dilema real al què s’enfronta Espanya no és el de Monarquia o República, sinó el de pitjor o millor democràcia. I per això considero que ara hem d’aprofitar l’oportunitat d’impulsar profundes reformes en el nostre sistema polític. No falten exemples de monarquies federals que haurien d’il·luminar les passes del nou monarca per acompanyar la reforma constitucional federal que els socialistes estem proposant des de fa temps. Fins i tot el nacionalisme basc recupera la seva vella idea confederal de pacte amb la Corona, veient amb claredat que ara és el moment de començar una nova etapa política.

Així com fa 300 anys Felip V va acabar amb les esperances de la Catalunya austriacista, Felip VI té l’oportunitat d’actuar en un sentit ben diferent, acompanyant el procés cap a una veritable Espanya de tots, lloc de trobada de diversos pobles, de les nacions, nacionalitats i regions que hi conviuen, capaces de compartir un projecte federal comú. Felip VI, rei de les Espanyes. ¿Per què no?

Qüestió de credibilitat

La revista El Siglo en el seu número d’aquesta setmana em publica l’article que em trobareu transcrit a continuació.

CUESTIÓN DE CREDIBILIDAD

Alfredo Pérez Rubalcaba definió sin tapujos los resultados de los socialistas en las elecciones europeas del pasado domingo: han sido un desastre sin paliativos. Son los peores resultados electorales de nuestra historia. Al haber obtenido 3.596.324 votos, hemos perdido un 41,44% de los que obtuvimos en 2009. En Cataluña hemos obtenido 358.539 votos, también el peor resultado de nuestra historia, perdiendo un 49,4% de los que obtuvimos en 2009. En 2009 los votos catalanes suponían un 11,5% de los votos del PSOE y en 2014 han sido casi un 10%.

Ciertamente, ha llovido mucho desde 2009 y las elecciones europeas, al no servir para instalar y deponer gobiernos, tienen una dinámica bien distinta a las demás. Pero ello no nos exime de analizar los resultados y extraer las oportunas conclusiones. Un resultado tan contundente requiere de un análisis profundo y de una reacción proporcionada que desborda un artículo de estas características y que los socialistas nos aprestamos a realizar tanto en Cataluña como en el conjunto de España.

En mi opinión, los socialistas no merecemos aún la confianza de quienes comparten –y son muchos, a tenor de los resultados obtenidos por otras fuerzas progresistas- nuestro mensaje crítico con respecto a las políticas de austeridad y al rumbo de la construcción europea en los últimos años. Los ciudadanos recuerdan con amargura que la crisis llegó cuando gobernábamos y que las políticas que hoy criticamos fueron iniciadas por gobiernos socialistas que no tuvieron más remedio que aceptar las imposiciones de Bruselas y la Troika. El problema no es nuestro proyecto y nuestro mensaje. El problema es nuestra credibilidad.

Mal que nos pese, y a pesar de nuestros esfuerzos, los socialistas no somos aún creíbles para abordar una crisis sistémica que abarca no sólo cuestiones socioeconómicas, sino también democráticas, europeas y nacionales (es decir, las referidas a las relaciones entre Cataluña y el resto de España). Creo que el proyecto reformista dibujado en nuestra Conferencia Política y en los acuerdos de Granada podría concitar un amplio apoyo ciudadano, pero que debemos esforzarnos antes tanto en difundirlo como, sobre todo, en construir la credibilidad y la confianza de las que carecemos a tenor de los resultados electorales. Y en este proceso, unas primarias abiertas a la ciudadanía a celebrar este año son un requisito imprescindible.

La dispersión del voto progresista dificulta, cuando no imposibilita, que criterios ampliamente mayoritarios puedan orientar las políticas de los gobiernos. El retroceso del conjunto de los socialistas en el Parlamento Europeo, aun siendo mucho menor que el retroceso del Partido Popular Europeo, ha impedido que seamos el primer grupo de la Eurocámara y dificultará la articulación de una mayoría progresista capaz de revertir el dogmatismo austericida. Es una reflexión que no sólo debemos hacernos los socialistas.

Este análisis de urgencia no debe perder de vista que también en el conjunto de Europa retroceden los grandes partidos y que en muchos países irrumpen fuerzas de carácter populista y euroescéptico. Cuando muchos justamente reclaman el contraste de alternativas políticas, en Europa habrá que buscar grandes acuerdos que permitan avanzar frente a los euroescépticos.

Quiero comentar alguna cuestión específicamente referida a los resultados de estas elecciones en Cataluña. Hay quien ha querido señalar una participación superior a la media española (45,84%). Sí, casi dos puntos más (47,63%), aun siendo inferior a la registrada en Castilla y León, Comunidad Valenciana, Madrid y La Rioja. E inferior también a la registrada en el referéndum sobre el Estatuto de 2006 (49,41%), que fue considerada entonces como un fiasco. También se subraya el importante apoyo obtenido por CiU y ERC, un destacable 45,53% por el que les felicito. Similar, por cierto, al obtenido en las últimas elecciones al Parlament de Catalunya, que fue del 44,4%. Del mismo modo que el PSC, tercera fuerza política catalana, ha obtenido un 14,28% de los votos, muy similar al 14,43% que obtuvo en noviembre de 2012. Nadie, tampoco quienes planteaban estas elecciones como un test sobre la consulta, debería sacar conclusiones apresuradas.

Primeres impressions

El diari ABC em publica avui l’article que trobareu transcrit a continuació.

PRIMERAS IMPRESIONES

Los resultados del PSC en las elecciones del pasado domingo han sido un desastre sin paliativos. Son los peores resultados electorales de nuestra historia, a pesar de la vibrante campaña protagonizada por nuestros candidatos y activistas, especialmente por Javi López y Esther Niubó. Al obtener 358.539 votos, hemos perdido un 49,4% de los que obtuvimos en 2009, proporción bastante cercana al 41,6% de votos perdidos por el PSOE, que ha conocido también el peor resultado de su historia. En 2009 los votos catalanes suponían un 11,5% de los votos del PSOE y en 2014 han sido casi un 10%.

Los socialistas no merecemos aún la confianza de quienes comparten –y son muchos a tenor de los resultados- nuestro mensaje crítico con respecto a las políticas de austeridad y al rumbo de la construcción europea en los últimos años. Los ciudadanos recuerdan con amargura que la crisis llegó cuando gobernábamos y que las políticas que hoy criticamos fueron iniciadas por gobiernos socialistas que no tuvieron más remedio que aceptar las imposiciones de Bruselas y la troika. Por ello los socialistas no somos aún creíbles para abordar una crisis sistémica que abarca no sólo cuestiones socioeconómicas, sino también democráticas, europeas y nacionales (es decir, las referidas a las relaciones entre Cataluña y el resto de España). Un resultado tan contundente requiere de un análisis profundo y de una reacción proporcionada que excede un artículo de estas características y que los socialistas nos aprestamos a realizar tanto en Cataluña como en el conjunto de España. Sin perder de vista que también en el conjunto de Europa retroceden los grandes partidos e irrumpen fuerzas de carácter populista y euroescéptico.

No quisiera dejar de comentar alguna cuestión específicamente referida a los resultados de estas elecciones en Cataluña. Hay quien ha querido señalar una participación superior a la media española (45,84%). Sí, casi dos puntos más (47,63%), aun siendo inferior a la registrada en Castilla y León, Comunidad Valenciana, Madrid y La Rioja. E inferior también a la registrada en el referéndum sobre el Estatuto de 2006 (49,41%), que fue considerada un fiasco. También se subraya el importante apoyo obtenido por CiU y ERC, un destacable 45,53% por el que les felicito, similar por cierto al obtenido en las últimas elecciones al Parlament de Catalunya que fue del 44,4%. Del mismo modo que el PSC, tercera fuerza política catalana, ha obtenido un 14,28% de los votos, muy similar al 14,43% que obtuvo en noviembre de 2012. Nadie, tampoco quienes planteaban estas elecciones como un test sobre la consulta, debería sacar conclusiones apresuradas.

Per què som federalistes i no som independentistes

La revista El Siglo em publica en el seu número d’aquesta setmana l’article que trobareu transcrit a continuació.

POR QUÉ SOMOS FEDERALISTAS Y NO SOMOS INDEPENDENTISTAS

Somos federalistas por cuatro razones fundamentales: La primera, porque el planteamiento federal se ajusta a nuestros principios de libertad, igualdad, justicia, solidaridad y fraternidad. La segunda, porque el planteamiento federal se ajusta al mundo en que vivimos, definido por interdependencias crecientes y soberanías compartidas. La tercera, porque creemos que identidades diferentes y sentimientos diversos no justifican levantar ni barreras ni fronteras entre ciudadanos. Esas identidades y sentimientos distintos pueden y deben convivir en un mismo Estado organizado de forma federal. Y la cuarta, porque la solución a los problemas de convivencia puede y debe encontrarse a través del diálogo, la negociación y el pacto. Y el federalismo es, sobre todo, diálogo, negociación y pacto.

Somos federalistas también porque no somos independentistas. Y no somos independentistas, no por no querer lo suficiente a Cataluña, sino porque creemos que la independencia sería altamente perjudicial para Cataluña, para España y para la integración europea.

Es perjudicial para Cataluña, porque la pérdida de dimensión económica, cultural, demográfica y política es un grave riesgo. En el mundo en que vivimos, perder tamaño es perder oportunidades. Nadie ha sido capaz de calcular los costes y las incertidumbres de un proceso de separación, con toda seguridad excesivos, probablemente insoportables. Por no hablar de los riesgos y tensiones de un proceso unilateral que no fuese fruto de un acuerdo en un escenario impensable.

Por otro lado, si Cataluña se separase de España no dejaría de tenerla como vecina. Cataluña puede separarse de España pero no puede abandonar la península ibérica. ¿Cómo puede beneficiar a Cataluña la separación, el alejamiento traumático de sus vecinos más inmediatos, que serán siempre sus vecinos y con los que siempre le convendrá tener las mejores relaciones posibles? Incluso la separación más tranquila que se produjo en Europa, la que dio lugar a las Repúblicas checa y eslovaca, supuso que países que antes habían sido uno de repente se diesen la espalda y sus intercambios de toda índole se redujeran espectacularmente.

La secesión perjudicaría a los ciudadanos, que a partir de ese momento se verían obligados a considerar como extranjeros a buena parte de sus conciudadanos, de repente deberían considerar como extrañas cosas que les eran propias, y la mayoría de ellos sufrirían al ver desgarrarse sus identidades plurales y compartidas.

La secesión sería perjudicial para España, exactamente por los mismos motivos que lo sería para Cataluña. La pérdida de peso económico, cultural, demográfico y político, nos haría perder oportunidades.

La fractura de un país miembro de la Unión Europea plantea interrogantes sobre el propio funcionamiento de la Unión, sus relaciones con lo que a partir de entonces sería un país tercero y sobre el riesgo de incentivar procesos similares en otros países miembros. ¿Cómo se pretende hacer compatible una mayor integración europea con la división de uno de sus Estados miembros? ¿Cómo aspirar a unos Estados Unidos de Europa desde la incapacidad de articular una España federal, que reconozca plenamente su carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüe?

La secesión crearía muchos más problemas de los que pretende resolver. Unos problemas que, por otro lado, tienen soluciones más eficaces y menos onerosas a través de mecanismos federales que tenemos a nuestro alcance y que deberían integrar una reforma constitucional federal que nos permitiría seguir juntos y mejor.

Ho diu el TC, sense acord no hi ha consulta

El diari ABC em publica avui l’article que trobareu transcrit a continuació.

LO DICE EL TC, SIN ACUERDO NO HAY CONSULTA

El martes 25 se conocía la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) en relación al recurso interpuesto por el Gobierno de España contra la Declaración de Soberanía aprobada por el Parlament. Esta sentencia, como era de prever, ha declarado inconstitucional la consideración de Cataluña como sujeto político y jurídico soberano, ya que atenta, como los socialistas catalanes ya advertimos, contra los artículos 1.2 y 2 de la Constitución, y los artículos 1 y 2.4 del Estatut.

Esta sentencia, aprobada de manera unánime por los 12 magistrados, adquiere una gran trascendencia jurídico política, porque también contiene una afirmación tajante: «cabe una interpretación constitucional de las referencias al derecho a decidir de los ciudadanos de Cataluña», abriendo la puerta a la negociación y al pacto entre gobiernos, para ejercer, en el marco de la legalidad, el derecho a decidir, cosa que también afirmó el PSC en su día, insistiendo en una consulta legal y acordada. Dice el TC que «los poderes públicos y muy especialmente los poderes territoriales que conforman nuestro Estado autonómico son quienes están llamados a resolver mediante el diálogo y la cooperación los problemas que se desenvuelven en este ámbito», haciendo una apelación al diálogo para resolver este conflicto.

El Alto Tribunal es claro y rotundo cuando afirma «el planteamiento de concepciones que pretendan modificar el fundamento mismo del orden constitucional tiene cabida en nuestro ordenamiento, siempre que no se prepare o defienda a través de una actividad que vulnere los principios democráticos, los derechos fundamentales o el resto de los mandatos constitucionales, y el intento de su consecución efectiva se realice en el marco de los procedimientos de reforma de la Constitución».

Si Mas quiere de verdad la consulta, debe aceptar la legalidad vigente y los mecanismos para modificarla, debe buscar el acuerdo absteniéndose de medidas unilaterales como fijar fecha y pregunta sin negociar previamente con el Gobierno de España. Y si Rajoy quiere estar a la altura de sus responsabilidades, debe hacer como hizo Adolfo Suárez, estar dispuesto de verdad a negociar, anteponiendo los intereses generales a los de partido. Los socialistas estamos dispuestos a ayudarles a volver a la senda del diálogo y, como hemos repetido hasta la saciedad, estamos convencidos de que la mejor solución es negociar todos juntos una reforma constitucional federal.

Juncker o Schulz

La revista El Siglo en el seu número d’aquesta setmana em publica l’article que trobareu transcrit a continuació.

JUNCKER O SCHULZ
EL SIGLO, 24.03.14

La campaña europea permite hablar de muchos temas, pero no podemos correr el riesgo de perdernos por las ramas.

El 25 de mayo podemos cambiar el rumbo de las instituciones europeas, podemos decir basta a las políticas de austeridad suicida y abrir espacio a las políticas de estímulo económico y solidaridad que nos definen a los socialistas. El 25 de mayo decidiremos la orientación de la presidencia de la Comisión Europea, democristiana o socialdemócrata. Juncker o Schulz, ésa es la disyuntiva, ésa es la decisión. Juncker representa la continuidad, y Martin Schulz es el cambio progresista.

¿Que nos conviene? Una Europa volcada en la creación de empleo. Una Europa que apueste por los jóvenes. Por una mayor integración política, económica y social. Por los derechos de las mujeres. Por la diversidad. Por una mejor democracia. Por unos bancos al servicio de las empresas y las personas, no de la especulación financiera. Por la sostenibilidad y la defensa del medio ambiente. Por una mayor capacidad de influir en las relaciones internacionales y promover la paz, los derechos y el desarrollo del mundo.

Eso es lo que nos une a todos los socialistas, socialdemócratas, laboristas y progresistas europeos. Estamos juntos en el Partido Socialista Europeo, en el grupo de los Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo. Y estamos todos juntos apoyando la candidatura de Martin Schulz a la presidencia de la Comisión Europea. Sólo una victoria socialista hará posible el cambio en Europa.

La apuesta de los socialistas es inequívoca: queremos cambiar Europa y queremos decir no a las políticas de derechas en Europa, en España y Cataluña. Queremos decir no a la reforma laboral. Queremos decir no a la reforma de la Ley del Aborto. Queremos decir no a la ley Wert, a las leyes de seguridad de Fernández Díaz, a la privatización de la sanidad.

Queremos ganar las próximas elecciones en nombre y representación de las personas que han luchado tanto y que ahora ven esfumarse sus derechos; en nombre y representación de los jóvenes que merecen esperanza de presente y no vagas promesas de futuro; en nombre y representación de las mujeres, para que no vean desaparecer derechos que tanto ha costado conseguir, para que puedan alcanzar la plena igualdad salarial y laboral.

Porque el cambio empieza en Europa. Con todos los socialistas, los socialdemócratas, los progresistas europeos, trabajando juntos, unidos en la defensa de los mismos principios y valores, comprometidos con un Manifiesto común aprobado en Roma que tiene diez prioridades fundamentales: 1. El empleo. 2. El relanzamiento de la economía. 3. Poner el sector financiero al servicio de las personas y de la economía real. 4. Una Europa social. 5. Una Unión de la igualdad y de los derechos de las mujeres. 6. Una Unión de la diversidad, capaz de plantar cara al extremismo, los prejuicios, el odio y la división. 7. Una vida saludable para todos. 8. Una Europa más democrática y participativa. 9. Una Europa sostenible.10. Una Europa con mayor presencia en el mundo.

PSOE y PSC presentamos una candidatura renovada, que aúna experiencia y renovación, encabezada por Elena Valenciano, la vicesecretaria general del PSOE, con experiencia en el Parlamento Europeo y gran prestigio en el Partido de los Socialistas Europeos. Una candidatura cremallera, que alterna mujeres y hombres como expresión rotunda de un radical compromiso por la igualdad. En esa candidatura figuran de forma destacada Ramón Jáuregui o Juan Fernando López Aguilar. En ella se integra Javier López, primer candidato del PSC elegido a través de unas elecciones primarias en las que participaron más de 8.000 personas. Junto a él, Esther Niubó, responsable de la política europea del PSC y directora de la Fundació Rafael Campalans; Alejandro Colldefors, Diana Salvadó, Eduard Rivas y Rosa Orriols, activistas europeos comprometidos en la Europa social y federal que merece la pena construir.

La desigualtat creix

El diari ABC em va publicar dilluns l’article que trobareu transcrit a continuació.

CRECE LA DESIGUALDAD
ABC, 3.03.14

Mariano Rajoy en su intervención inicial en el reciente Debate sobre el estado de la nación se vanagloriaba de haber superado ya lo peor de la crisis en el discurso más triunfalista e irreal de su etapa como presidente.

El escenario pintado por Rajoy, tal y como acertadamente le replicó el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba, fue un escenario que de tan ufano resultaba esperpéntico, de tan irreal resultaba engañoso, y de tan optimista resultaba casi ofensivo. Irreal, engañoso y ofensivo para los casi 6 millones de parados en España. Irreal, engañoso y ofensivo para las familias con todos sus miembros en el paro. Irreal, engañoso y ofensivo para los que no pueden afrontar la hipoteca de su casa, la mensualidad del alquiler, o los recibos de agua, gas o electricidad. Para todos aquellos que dependen de una prestación social, o de la ayuda familiar para salir adelante.

El presidente del gobierno se olvida de todos aquellos que están sufriendo más duramente los efectos de una crisis que dura ya siete años. En palabras de Rubalcaba, «No he visto a un presidente que tenga tanto sufrimiento debajo y que esté tan pagado de sí mismo». Ésta es la realidad que Rajoy se niega a ver. Es Presidente de un Gobierno que ha generado, también en palabras de Rubalcaba «la apoteosis de la desigualdad».

Porque si hay algo cierto es que hoy, tanto en España, como en Catalunya, los pobres son más pobres, la diferencia entre ricos y pobres ha aumentado, y la desigualdad se expande en todos los sectores que se analicen, destruyendo los avances del Estado del bienestar que hemos ido construyendo entre todos en democracia.

Hoy, y así lo dice un reciente estudio publicado por la Fundació Rafael Campalans: «Informe social 2013. Atur, pobresa i desigualtats a Catalunya2, nos encontramos en un escenario en que el Estado del bienestar deja más desprotegidos a los sectores con ingresos más bajos, generando brechas sociales, desigualdades y el riesgo de ruptura de la cohesión social. Así, por ejemplo, y como se cita en el estudio, en 2011, la renda de los colectivos con mayores ingresos era prácticamente 5 veces más alta que la de los grupos menos favorecidos económicamente.

La realidad de los datos, éste y muchos otros, indican que la realidad está muy lejos del discurso de Rajoy. No es momento de titulares triunfalistas. Es el momento de la actuar contra el origen de las desigualdades que hoy día padecemos en Cataluña y en España. Desde el acceso a los servicios públicos de educación, sanidad y servicios sociales, las prestaciones por desempleo y las pensiones, una imprescindible reforma fiscal, las ayudas a la creación de empleo y a las iniciativas de autoempleo. Objetivos todos ellos ausentes de las prioridades de los gobiernos de Cataluña y España, objetivos incompatibles con la austeridad dogmática y la política de recortes que unen a los gobiernos de Mas y Rajoy por encima de las diferencias de las que hacen gala.

Les desigualtats es disparen

La revista El Siglo em publica en el seu número d’aquesta setmana l’article que trobareu transcrit a continuació.

LAS DESIGUALDADES SE DISPARAN

El pasado 6 de febrero, la Fundación Rafael Campalans hizo público, después de meses de trabajo, el Informe Social 2013. Paro, pobreza y desigualdades en Cataluña, un estudio destinado a reflejar la realidad social y el aumento de las desigualdades en los últimos años en Cataluña, coincidiendo con los momentos más álgidos de la crisis y la aplicación simultánea por los gobiernos español y catalán de políticas de austeridad y recortes sociales.

La tesis fundamental de este estudio, apoyada por numerosos análisis y datos, es que la crisis está afectando principalmente a los sectores con menos capacidad económica, los mecanismos de protección social son insuficientes con respecto a los sectores con ingresos más bajos, se generan brechas sociales, aumenta la desigualdad y hay riesgo de quiebra de la cohesión social.

Es un panorama ciertamente preocupante. Y que invita, más que a la reflexión, a actuar con urgencia con medidas económicas y sociales para poner remedio a la situación actual.

El informe, elaborado entre la Fundación Campalans y el Área de Cohesión Social del PSC, refleja el constante distanciamiento entre capas sociales, con indicadores contrastados, como el Índice de Gini, que mide hasta qué punto la distribución de los ingresos en una sociedad es equitativa o no. Como se dice en el estudio, por ejemplo, en el caso de Catalunya, “cada año que pasa está más lejos de Europa: si hasta 2009 nuestros niveles de desigualdad eran inferiores a los del resto de España y a los del conjunto de Europa, a partir del 2010 el Índice de Gini aumenta y en 2011 observamos un crecimiento de la desigualdad en la distribución de la renta a un ritmo más acelerado en Cataluña que en el resto de España y en el conjunto de Europa”.

El informe, dividido en tres ámbitos de estudio, aborda las consecuencias de la crisis, las políticas públicas en tiempos de crisis y el caso de determinados colectivos, como los jóvenes y mujeres, que sufren por partida doble los efectos de la crisis.

Una crisis que, con la aplicación conjunta de políticas públicas restrictivas, de austeridad y recortes sociales, ha agravado su impacto sobre la ciudadanía, especialmente en las personas con ingresos inferiores, a los que somete a una mayor indefensión.

Tal y como apunta Eva Granados en las conclusiones del informe, “cuando las desigualdades se convierten en pobreza y exclusión en el marco de un nuevo conflicto fratricida entre las clases sociales de siempre, se agrava la situación socioeconómica, el paro es insoportable y crecen las desigualdades. Y estas desigualdades tienen una cara oscura que se llama pobreza. Desde una situación de paro de larga duración se puede evolucionar hacia la pobreza severa y la exclusión, éstas son consecuencias dramáticas cada vez más frecuentes en nuestro país, un riesgo que ahora ya afecta a un 29% de la población catalana”.

Es imprescindible una acción política concertada que afronte de cara los problemas reales que vemos contrastados cada día. Es por ello, que el Grupo Socialista en el Parlament de Catalunya ha solicitado la celebración de un Pleno monográfico sobre pobreza y desigualdad, que tendrá lugar en el mes de marzo. Se trata de una oportunidad para abordar el problema más grave y urgente que tiene Catalunya, y también España, en estos momentos. La exigencia de este Pleno monográfico, que sigue la estela del que ya solicitamos y celebramos sobre la situación de la juventud, es una de nuestras obligaciones en tanto que partido político de izquierdas, especialmente preocupado por la situación económica y social de nuestros conciudadanos.

Esperemos que sirva para que el Govern de Catalunya responda al clamor de las entidades sociales que se dedican a esta labor, como Cruz Roja, que acaba de hacer público un informe donde denuncia que el 84% de las personas atendidas mayores de 45 años está en paro. Un paro que en esas edades puede ser una condena sin remisión, dadas las dificultades que el sistema de ocupación ofrece actualmente para la reinserción laboral de las personas en esta franja de edad.

Son tantos los datos que su sola enumeración abruma a cualquiera con un poco de sensibilidad. Para cualquiera que no se crea que la crisis ha sido ya vencida sólo porque la prima de riesgo haya aliviado su presión sobre nuestras finanzas. Nuestra obligación es renunciar a todo triunfalismo, analizar a fondo la dura realidad y seguir actuando para aliviar el drama diario de millones de personas.

El Informe Social de la Fundación Campalans, que puede consultarse aquí:http://fcampalans.cat/publicacions_detall.php?id=8&idpubli=293, debe estimularnos a todos, y en especial a la izquierda, para reivindicar la vigencia y la necesidad de mejora del Estado del Bienestar, garantizar una más equitativa distribución de los ingresos y empeñarnos a fondo en acabar con los orígenes de las desigualdades en nuestro país.

Dret a decidir o consulta? Independència o federalisme?

Avui a l’àgora política Espacio Público, espai de debat del diari Público, en el debat “Catalunya y el derecho a decidir” em publiquen l’article “¿Derecho a decidir o consulta? ¿Independencia o federalismo?” que trobareu transcrit tot seguit.

¿Derecho a decidir o consulta? ¿Independencia o federalismo?

El éxito de la expresión “derecho a decidir” es directamente proporcional a su ambigüedad. Decidir ¿qué?, ¿quiénes?, ¿hay alguien que no quiera decidir? Lo cierto es que el derecho a decidir no existe como tal derecho positivo, no es exigible ante ninguna instancia nacional, europea o internacional.

Demasiado a menudo se escucha utilizar la expresión “derecho a decidir” como sucedáneo de “derecho de autodeterminación”, que este sí existe y está reconocido por las Naciones Unidas a las antiguas colonias, los territorios ocupados militarmente o aquellos en los que se persigue y discrimina a las minorías nacionales. Pero no nos encontramos ante ninguno de estos supuestos.

De hecho, los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña decidimos cada vez que votamos, lo hicimos votando la Constitución de 1978, el Estatuto de 1979, el del 2006 y siempre que elegimos a nuestros representantes en las instituciones. Lamentablemente, el Estatuto que votamos en 2006 fue alterado con posterioridad por una decisión del Tribunal Constitucional y, a mi juicio, la única forma de superar democráticamente esa anomalía es sometiendo un nuevo acuerdo al voto de la ciudadanía.

Por otra parte, el principio democrático obliga a buscar el libre consentimiento ciudadano a nuestras normas de convivencia y una democracia de calidad no puede limitarse tan sólo a la democracia representativa, sino que debe acoger también elementos de democracia participativa, referéndums y consultas.

Desde ese punto de vista resulta especialmente interesante la experiencia de Quebec y sus relaciones con Canadá. La Corte Suprema canadiense emitió una opinión que puede servirnos de guía. En primer lugar, negó que exista un derecho unilateral a la secesión. En segundo lugar, avaló la posibilidad de que Quebec pudiese convocar un referéndum para conocer la voluntad de sus ciudadanos al respecto. Y, en tercer lugar, señaló que si una mayoría clara respondiese a una pregunta clara mostrando una voluntad de separarse, Quebec y el resto de Canadá deberían abrir negociaciones para dar satisfacción a dicha clara voluntad ciudadana.

Cuando los socialistas catalanes nos referimos a una consulta legal y acordada tomamos esa referencia. El referéndum que se celebrará en Escocia el próximo 18 de septiembre ha sido posible precisamente por el acuerdo entre los gobiernos escocés y británico, señalando de nuevo la inviabilidad de procesos unilaterales o que pretendan desconocer la legalidad y los instrumentos democráticos para modificarla.

Para llegar a un acuerdo necesitamos buena política, un diálogo democrático, capaz de conciliar intereses y sensibilidades distintas. Por desgracia, tanto la cerrazón del gobierno del PP (responsable también de la feroz campaña contra el Estatuto catalán que culminó con el recurso presentado ante el Tribunal Constitucional), como los errores de planteamiento del gobierno de CiU y sus socios de ERC (que han ido tomando decisiones unilaterales como fijar fecha y pregunta de la consulta), nos abocan a un callejón sin salida o, peor aún, a un choque de trenes.

A menudo se utiliza la expresión “derecho a decidir” como sinónimo de “referéndum sobre la independencia”, como si la única decisión posible sobre las relaciones entre Cataluña y el resto de España fuese la de separarse o seguir exactamente como hasta ahora, como si no hubiese otras posibilidades. El hecho de que algunos presenten la consulta como un mero trámite para la independencia, es un vicio de origen que les resta apoyos.

Al malestar causado en Cataluña por la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, cabe añadir una percepción de maltrato económico y fiscal, de erosión del autogobierno y sus competencias, de ausencia de mecanismos de participación en la formación de la voluntad estatal como un Senado federal, y de insuficiente reconocimiento de la realidad plurinacional, pluricultural y plurilingüe de España. Abordando estos problemas concretos puede encontrarse un camino de solución que podrá legitimarse después a través de una consulta.

Defiendo una solución de tipo federal por cuatro razones: 1) Por coherencia con los valores de libertad, igualdad, fraternidad y solidaridad. 2) Porque se ajusta mejor al mundo de interdependencias crecientes y soberanías compartidas en el que vivimos. 3) Porque evita el choque de identidades y la fractura de la sociedad en función de los diversos sentimientos de autoidentificación nacional de las personas. 4)
Porque se basa en la acción política democrática, la negociación y el pacto.

Los socialistas hemos realizado una propuesta concreta de reforma constitucional federal para abordar en profundidad todas estas cuestiones. Una propuesta que estamos dispuestos a debatir con todos tomando en consideración cuantas propuestas se formulen en la búsqueda de soluciones a un problema tan grave como acuciante.