Cardús l’encerta

Salvador Cardús va publicar ahir dimecres un magistral article a La Vanguardia. Recomanat especialment per a polítics, periodistes, opinadors, analistes i ciutadans i ciutadanes interessats en la política del nostre país. El trobareu transcrit a continuació:

POLÍTICA ESTRESADA

Salvador Cardús i Ros

La Vanguardia, 1.04.09

Creo que existe una percepción de la realidad política catalana extremadamente estresada. Tenemos una visión exagerada de la inestabilidad del Gobierno y una interpretación muy alterada sobre el papel de la oposición o la vida interna de los partidos. Creemos ver tormentas donde a menudo se han removido las olas voluntariamente. Y anunciamos montañas rusas al menor movimiento. Quizás, todo ello, para realzar un paisaje político más bien plano y aburrido. Estresamos la política, posiblemente, porque no pasa nada que sea verdaderamente relevante. De momento.

Las claves de esta situación están en el actual relato público sobre la política catalana difundido a través de los medios de comunicación, y de los que se suele olvidar su naturaleza. Recordémosla. Es sabido que la realidad de la vida cotidiana es fundamentalmente prosaica, rutinaria, repetitiva, a menudo aburrida y abrumadoramente extensa. Sólo lo excepcional, lo que altera el curso previsible de las cosas, lo que no era estrictamente predecible y acaba pasando, puede llegar a tener categoría de noticia y así merecer ser relatado. En consecuencia, ni un periódico, y aun menos un informativo de radio o de televisión, reflejan – ni se lo pueden proponer de manera razonable-la normalidad en toda su extensión. Los medios de comunicación ni atienden al mundo particular que creemos conocer – subjetivo y parcial-,ni dan cuenta de la realidad de manera completa y contextualizada, si es que ello estuviera al alcance de alguien.

A pesar de la evidencia de lo afirmado, parece que seguimos sin tenerlo en cuenta a la hora de conformar la representación del mundo en el que vivimos. Lo cierto es que a menudo se acaba pensando que la realidad es la mera suma de las noticias conocidas, de manera que no es raro que acabemos alarmados y tengamos la convicción de que el mundo es verdaderamente monstruoso. La culpa no es de los medios de comunicación, claro está, aunque siempre se pueda discutir su criterio de elección sobre lo que es extraordinario o noticiable. Es la lectura, la escucha o la mirada simple y torpe de los medios de comunicación la que crea enormes confusiones en nuestra percepción de la realidad, y en particular, de la política.

Menos justificación tiene que este tipo de error lo cometa un organismo como el Consell de l´Audiovisual de Catalunya (CAC) cuando a raíz de un estudio reciente dice constatar en tono crítico que los informativos televisivos menoscaban la presencia real de la mujer en la sociedad. En primer lugar, cuando aparecen menos mujeres que hombres entre los políticos televisados – sólo un 23% de mujeres y un 15% en tiempo de intervención según el CAC-,no hay que comparar la cifra con la cantidad de políticos mujeres, sino con la posición o la posibilidad de estas para crear noticias, es decir, situaciones políticas excepcionales. Montserrat Comas, la consejera y autora del estudio, debería saberlo. Faltaría más que se tuviera que dar, por ejemplo, igual tiempo televisivo a cada miembro del Parlament de Catalunya, con el argumento de que aquella es la realidad real, sabiendo que la mayoría de diputados está incapacitada – no por razones personales, sino por la lógica interna de los partidos-para tener alguna iniciativa política propia so pena de causar baja en la lista electoral a la primera ocasión. De manera que el desajuste entre la “realidad plana”, por decirlo de alguna manera, y la “realidad noticiable”, no tiene nada que ver con “razones culturales”, como dice el CAC, sino con la lógica política y con la mediática. En segundo lugar, quejarse de que estos desajustes “afectan la percepción de la realidad”, lo menos que se puede decir es que resulta de una gran ingenuidad. Sí: los medios de comunicación construyen una particular y sesgada percepción de la realidad, tal como también lo hacen nuestros sentimientos, nuestros intereses, nuestros amigos o, por cierto, nuestra condición de género.

Decía al principio que las noticias recogen hechos excepcionales y por lo tanto que no tienen por qué construir un retablo completo acerca de la realidad, tampoco en el caso de la política. En otros campos, la propia experiencia ofrece puntos de contraste con los que dan los medios de comunicación. Pero de la política, en general, sólo conocemos lo publicado. Y esto significa que su cara pública está construida solo sobre lo excepcional, lo inesperado, la alteración del orden. Así, para bien y para mal, un político que presuma de hechos sin palabras, poco amante de los gestos grandilocuentes y que además se sienta incómodo ante los flashes será, por definición, un político invisible. Y ello se producirá aunque trabaje tenazmente y con eficacia. Y sea hombre o mujer.

Es el conjunto de estas circunstancias, pues, la que produce un triple efecto sobre la política. Primero, los políticos se sienten obligados a sobreactuar para conseguir una buena cuota de aparición pública. Después, los periodistas sólo están atentos a los gestos – y si no, intentan provocarlos-que puedan ser exagerados para convertirlos en noticia. Luego, los comentaristas políticos solemos caer en la tentación de tremendizar lo acontecido. Y, finalmente, los ciudadanos, sin otras referencias sobre la acción política corriente, acaban creyendo que la política es sólo lo que se ve: una jaula de grillos. Ahí está la principal causa del desapego político. El problema va a llegar cuando existan verdaderas razones para el drama y nos coja inmunizados.

About Miquel Iceta

Sóc primer secretari del PSC, president del grup socialista al Parlament de Catalunya i candidat a la Presidència de la Generalitat

Posted on dimecres 1 Abril 2009, in Anotacions. Bookmark the permalink. Deixa un comentari.

Els comentaris estan tancats.