Dijous, 18 de març

En reconeixement a l’encert de Julián Santamaría, director de l’Instituto Noxa que va publicar l’enquesta pre-electoral que més va acostar-se als resultats reals (pronosticava un empat tècnic), transcric el seu article d’avui a La Vanguardia, en el que comenta el resultat de les eleccions de diumenge.

CAMBIO DE GOBIERNO. El análisis electoral

QUIEN LOGRÓ EL DESEMPATE

LAS ENCUESTAS reflejaban que eran más los que preferían un gobierno del PSOE que uno del PP

LO QUE MOVILIZÓ a la opinión pública no fue el atentado, sino la pésima gestión de la crisis

JULIÁN SANTAMARÍA OSSORIO – 18/03/2004 – LA VANGUARDIA

Zapatero ganó y el PSOE ganó. Muchos españoles venían diciendo hace algún tiempo que los preferían a Rajoy y al PP. La cuestión que se plantea ahora no es, como en las autonómicas catalanas, quién ganó, sino cuándo se produjo el desenlace, si estuvo determinado o no por la tremenda tragedia del 11-M en Madrid.

Una semana antes de las elecciones, anticipábamos aquí que era posible una victoria socialista aunque casi dos de cada tres españoles no lo creyeran. No creían que sus preferencias pudieran materializarse, pero sus preferencias iban decantándose cada vez con mayor claridad a favor del PSOE. A principios de enero, al iniciarse la precampaña, lo que estaba en juego era si el PP llegaría o no a la mayoría absoluta que bordeaba entonces. Un mes después se había alejado de ella. A principios de marzo hablábamos ya de empate técnico abriendo la posibilidad de una victoria muy ajustada del PSOE que hacíamos depender de su capacidad para movilizar esa parte del electorado de izquierdas que sólo se moviliza en elecciones de cambio, en las que percibe que el gobierno es vulnerable y su voto, decisivo.

Hemos subrayado una y otra vez que esa era la percepción predominante en esta ocasión. A lo largo de la campaña fue aumentando el número de entrevistados que consideraban estas elecciones más importantes que las del 2000 y casi nueve de cada diez afirmaban que irían a votar con toda seguridad. Sabemos que esta cifra es siempre exagerada, pero sabemos también que la respuesta a esa pregunta nos permite anticipar si la participación estará por encima o por debajo de la media y que, en general, la tasa de participación suele estar unos diez puntos por debajo de la declarada en las encuestas, como ha ocurrido en esta ocasión. La participación fue superior a la media y se situó unos diez puntos por debajo de lo declarado.

Si, como todo parece indicar, los datos que hemos venido manejando eran correctos, habría que concluir que entre enero y marzo la situación habría experimentado un auténtico vuelco. Un vuelco que tal vez se aceleró en los últimos días pero que se inició mucho antes y se fue asentando de forma gradual y persistente a lo largo de toda la campaña. Un simple ejemplo bastará para demostrarlo. En la encuesta que el Instituto NOXA realizó para “La Vanguardia” a principios de marzo y se publicó una semana antes de las elecciones, al preguntar a los entrevistados qué partido preferían que ganase, el 36% se pronunciaba a favor del PP mientras el 42% lo hacía a favor del PSOE, cifras que coinciden casi literalmente con los resultados obtenidos por ambos partidos el 14/M.

Es verdad que las preferencias reflejan actitudes y afectos, mientras los votos expresan comportamientos y que, entre unas y otros, existe una diferencia notable, pero también es verdad que las preferencias por un partido tienen más probabilidades de convertirse en conductas efectivas y, en este caso, en votos, cuando se manifiestan a pocos días de la cita con las urnas, como ocurría en este caso.

Por consiguiente, la tesis de que el vuelco se produjo en el último momento es más que problemática. Tiene en contra la evidencia empírica de los datos que sugiere un cambio muy significativo en el curso de la campaña.

Por tanto, habría que concluir que la campaña en su conjunto ha desempeñado esta vez un papel crucial. Se ha hablado mucho del oscuro papel de Rajoy y el más brillante de Zapatero. Eso cuenta, y cuenta mucho, como se refleja estos días en los titulares de muy diversos medios, pero probablemente cuentan más aún los graves errores estratégicos que han caracterizado tanto el diseño como la conducción de la campaña del PP. Resulta difícil de entender, por poner sólo un ejemplo, que cuando los sondeos denotaban un clarísimo y creciente rechazo de la situación política y un amplio deseo de cambio, la campaña del PP se centrara en prometer más de lo mismo en lugar de corregir el tiro.

El PP le hizo la campaña al PSOE creyendo que, tras el “affaire” Carod, era el PSOE el que se la había hecho a él. No tiene sentido amenazar a la ciudadanía con el espantajo de que si se inclinaba por el PSOE ocurriría precisamente lo que los ciudadanos deseaban. Tal actitud refleja una ceguera y una cerrazón dignas de figurar en la antología del disparate.

Que el giro se hubiera producido ya antes del 11-M no es incompatible con la hipótesis de que los acontecimientos de los últimos días contribuyeran a acelerar el proceso de transformación de las preferencias en votos. Acelerarlo, sí. Determinarlo, no. Porque lo que es evidente es que la cristalización de las preferencias se produjo en la dirección anticipada más de un semana antes y confirmada en un estudio privado realizado por el Instituto NOXA el día antes y el día después del atentado y en el que la distribución de las preferencias coincidía al milímetro con el publicado en “La Vanguardia” el 7 de marzo.

Me refiero a los acontecimientos de los últimos días y no al odioso atentado del 11-M. No fue el atentado lo que movilizó a la opinión contra el Gobierno, sino su desastrosa gestión ante una crisis de semejante magnitud. El Gobierno pudo optar por manifestar su desconcierto y declarar que no descartaba posibilidad alguna. Pudo haber informado a los líderes de los grupos parlamentarios y concertado una respuesta común para afrontar la situación, pero no quiso hacer ni lo uno ni lo otro. Trató de desviar la atención hacia ETA y la opinión pública le dio credibilidad en las primeras horas hasta que se fueron acumulando indicios en sentido contrario sin que el Gobierno rectificara. Sus instrucciones a los embajadores para que mantuvieran aquella versión, contra viento y marea, y sus presiones en igual sentido sobre los corresponsales extranjeros en España alimentaron la sospecha, fundada o no, de que estaba reteniendo, distorsionando y manipulando la información.

En todo caso, habrá que esperar los datos de las encuestas postelectorales para opinar con mayor seguridad sobre el efecto de los acontecimientos de los últimos días y sería del máximo interés que un equipo interdisciplinar, del que me gustaría formar parte, hiciera un pormenorizado estudio para analizar el impacto de un hecho imprevisto de esta magnitud sobre el comportamiento de los electores ya que no existe ningún precedente comparable. Ni que decir tiene que tanto ese como cualquier otro trabajo post-electoral deberán afinar mucho para detectar el sentido de las motivaciones de quienes decidieron su voto los últimos días.

En su comparecencia en la noche electoral Rajoy no sólo aceptó con elegancia la victoria socialista, sino que dio algunas indicaciones de su predisposición al diálogo y la colaboración dejando atrás una larga etapa de crispación y enfrentamiento. Es un buen augurio que no deberían enturbiar con sus inoportunas declaraciones algunos miembros del Gobierno y de otras instituciones oficiales poniendo en tela de juicio la legitimidad del triunfo de Zapatero, que ha sumado para su partido el mayor número de votos alcanzado por una formación política en los últimos veinticinco años.

JULIÁN SANTAMARÍA OSSORIO, catedrático de Ciencia Política de la UCM y presidente de NOXA Consulting

jso@cps.ucm.es

About Miquel Iceta

Sóc primer secretari del PSC, president del grup socialista al Parlament de Catalunya i candidat a la Presidència de la Generalitat

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