Una millor política és possible

La revista El Siglo em publica en el seu número d’aquesta setmana l’article que trobareu transcrit a continuació:

UNA MEJOR POLÍTICA ES POSIBLE

Nadie duda ya a estas alturas de que el rescate bancario español por parte del Eurogrupo, “lo de ayer” en eufemismo de Mariano Rajoy, no va a ser ni mucho menos la última estación del vía crucis en el que se ha convertido la crisis económica por la que atravesamos. La patética explicación del gobierno ha empeorado las cosas. Ironizaba sobre ello Lisa Abend en el título de su crónica en la revista Time “Tú dices tomate, yo digo rescate”. Lo que debería haber proporcionado más confianza parece haber servido tan sólo para atizar la desconfianza. No hay más que ver cómo se ha ido desbocando la prima de riesgo y el tipo del bono a 10 años, que han alcanzado máximos históricos.

Ciertamente, una parte de nuestros problemas se ha visto agravada por la indecisión europea, incapaz por ahora de dar señales claras de confianza en el futuro y de asunción solidaria de soluciones. Tampoco parecen abrirse perspectivas en la Eurozona para enmendar los errores de concepción de una moneda única sin el apoyo de una estructura federal. Hemos conocido Estados sin moneda propia, pero no monedas sin Estado que las respalde, y sin abordar este problema no habrá solución a nuestros males. A todo ello se une la necesidad imperiosa de cambiar una política económica dominada por el dogmatismo de la austeridad, impuesto por Angela Merkel. Espero que la cumbre del G-20, señale el inicio del cambio necesario apuntado por los presidentes Obama y Hollande.

Pero nuestros problemas tienen también mucho que ver con nuestras debilidades como país. La reforma liberalizadora de la ley del suelo fomentó la burbuja inmobiliaria, espoleada por un crédito barato y a menudo otorgado sin la necesaria prudencia. Tardar en asumir la crisis no ayudó a prepararnos para salir de ella. Pensar que nuestro sistema bancario era sólido al no estar muy afectado por activos financieros tóxicos, no debería haber impedido constatar el excesivo riesgo en el que incurrieron algunas entidades financieras que se emborracharon de ladrillo y no fueron gestionadas con la profesionalidad y solvencia debidas.

Se deben investigar las responsabilidades concretas de aquellos gestores que han obligado a rescatar con dinero público las entidades financieras que dirigían y la actuación de las entidades que han abusado de la confianza de sus clientes colocándoles productos financieros sin advertir de sus riesgos. Es el mínimo exigible en un sistema democrático. Debe abrirse una Comisión de Investigación sobre el caso Bankia en el Congreso, como lo ha hecho el Parlament de Catalunya con respecto a las entidades financieras catalanas. Pero, por favor, que no sean como la Comisión de Investigación del 11-M. Que sirvan de verdad para delimitar responsabilidades y, sobre todo, para mejorar los mecanismos de regulación y supervisión que tan estrepitosamente han fallado.

Debemos ser conscientes de que en la opinión pública se mezclan elevadas dosis de desconcierto, indignación y desánimo, que requieren de una respuesta que hasta ahora la política no ha sabido proporcionar. ¿Cómo va a comprender la ciudadanía la actual situación y las perspectivas para superarla si percibe que los responsables políticos ocultan o maquillan datos, esquivan responsabilidades o simple y llanamente se esconden? ¿Cómo evitar que la falta de información derive en indignación cuando cada día aparecen noticias de “semanas caribeñas”, pensiones o indemnizaciones multimillonarias de directivos, evasión fiscal, pequeños o grandes privilegios, o nuevos indicios de que la crisis la pagan los de siempre mientras los sectores más favorecidos ni la notan?

Pero lo que más indigna a la ciudadanía es que los responsables políticos no seamos capaces de ponernos de acuerdo en lo fundamental, de afrontar los problemas que sí dependen de nosotros, de hablar claro, aceptando que no tenemos toda la razón, que también tenemos dudas sobre lo que hacemos y que algunas cuestiones escapan a nuestro alcance. Quieren, sobre todo, que todos nos pongamos en la piel de quienes padecen las consecuencias de la crisis y que demostremos que nos importa más resolver los problemas que erosionar al adversario. Creo sinceramente que en Cataluña y en España no estamos dando desde la política una respuesta adecuada a la inmensidad de los retos que afrontamos.  ¿Por qué no unos Pactos de la Moncloa y unos Pactos de la Ciutadella? ¿Por qué no gobiernos de amplia base o de concentración? La demanda de mejor política no admite espera ni tampoco silencios.

About Miquel Iceta

Sóc militant del PSC, diputat socialista al Parlament de Catalunya i president de la Fundació Rafael Campalans

Posted on dilluns 25 juny 2012, in Articles i entrevistes. Bookmark the permalink. Deixa un comentari.

Els comentaris estan tancats.

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.

Join 89 other followers